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De
la Democracia Representativa
a la Democracia Participativa
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Por:
Marcelo Colussi
Publicado el Lunes, 17/10/05 09:12am
Aporrea.org
"La democracia es una ficción
estadística"
Jorge Luis Borges
Si
estudiamos las formas de organización
política que ha tomado cualquiera
de las sociedades de clases desde
que existe registro histórico
(desde las sociedades agrarias sedentarias
en adelante, hace unos diez mil años),
vemos que siempre es una pequeña
elite la que guía los destinos
del colectivo. Fuera de un mítico
comunismo primitivo donde todos los
miembros de la tribu eran iguales,
el estudio de toda forma de organización
social de la historia nos confronta
con dirigentes y dirigidos. Y siempre,
invariablemente, los primeros son
una minoría, y los segundos
una amplia mayoría.
¿Cómo
ha sido posible, y sigue siéndolo,
que unos pocos sojuzguen a una mayoría?
Apelar a una explicación biologista
con reminiscencias de Darwin donde
"los más aptos" se
impondrían, además de
equivocada en términos conceptuales
es, como mínimo, irrespetuosa
(¿hay ciudadanos "mejores"
y "peores" entonces?). ¿Necesidad
de un conductor, de un gran padre
todopoderoso? ¿Vericuetos de
nuestra humana condición donde
los más fuertes (los más
osados, los más aprovechados)
siempre se las ingenian para sojuzgar
a la masa? -léase: lucha por
el poder-. ¿Mediocridad de
la masa? El debate está abierto,
y por cierto es muy complejo.
Sin
ánimos -ni posibilidades en
este breve espacio- de profundizar
en él, lo cierto es que podemos
constatar que, al menos hasta ahora,
en esta sangrienta historia de lucha
de clases que ya lleva varios milenios
son siempre minorías las que
ejercen el poder sobre grandes mayorías,
aunque resulte burdo, difícil
de entender, o sumamente injusto.
Apostamos, y damos nuestra lucha,
para que ello cambie; pero en el medio
de esa batalla es importante buscar
algunas explicaciones. ¿Qué
hay de la democracia, del "gobierno
del pueblo"? ¿Es posible?
¿Cómo?.
En
el vocabulario político actual
"democracia" es, sin lugar
a dudas, la palabra más utilizada.
En su nombre puede hacerse cualquier
cosa (invadir un país, por
ejemplo, o torturar, o mentir descaradamente,
o llegar a dar un golpe de Estado);
es un término elástico,
engañoso en cierta forma. Pero
lo que menos sucede, lo que más
remotamente alejado de la realidad
se da como experiencia constatable,
es precisamente un ejercicio democrático,
es decir: un genuino y verdadero "gobierno
del pueblo".
Los
primeros balbuceos del socialismo
construido durante el siglo XX comenzaron
a equilibrar las injusticias económicas;
pero en cuanto al ejercicio del poder
popular la cuestión sigue siendo
una asignatura pendiente. Se avanzó,
sin dudas, al menos en la intención
(la Revolución Cultural china,
o los asambleas populares cubanas,
son interesantes experiencias). Pero
aún estamos lejos de poder
indicar una democracia popular de
base efectiva en el campo socialista.
Por otro lado, con su involución
hacia fines de siglo, la sobrevivencia
de lo que no arrastró la marea
de destrucción de todo ese
campo (Cuba resistió y sigue
de pie) se centró en eso: la
sobrevivencia ("período
especial" se dijo en la isla),
y el tema de la democracia de base,
del poder popular no fue el principal
punto de agenda. ¿Se puede
hablar hoy de poder popular en China?
¿Qué quedó de
la "dictadura del proletariado"
en los países de Europa del
Este?.
Por
supuesto que en las experiencias "democráticas"
del capitalismo lo que menos está
presente es una posibilidad franca
de gobierno del pueblo. En absoluto,
totalmente no. Desde el triunfo de
las burguesías modernas sobre
los regímenes feudales en Europa,
o de la consolidación de las
colonias americanas de Gran Bretaña
como Estados Unidos de América
con su empuje descomunal, la construcción
del mundo moderno, de las "democracias
industriales" -como suele llamárselas-
no obedece más que a una lógica
de dictadura de unos pocos factores
de poder enmascarados como gobierno
de todos. No hay dudas que fue un
paso adelante en relación con
el absolutismo monárquico;
pero de ahí a gobierno del
pueblo dista una gran distancia.
Tal
como agudamente lo destacó
Paul Valéry: "la política
es el arte de evitar que la gente
tome parte en los asuntos que le conciernen".
Dicho en otros términos: los
factores de poder no ceden un centímetro
en su dominación, en su posición
de sojuzgamiento del sojuzgado. La
democracia que se construyó
con la inauguración del mundo
burgués moderno (donde Estados
Unidos, Francia y Gran Bretaña
marcaron el rumbo) se asienta en la
dominación de los grandes propietarios
industriales disfrazando la participación
popular por medio de una estructura
cosmética. El pueblo gobierna
sólo a través de sus
representantes. Pero, ¿a quién
representan los gobernantes? ¿Gobierna
el pueblo?.
En
la forma de Estado democrático
parlamentario moderno, el surgido
hacia fines del siglo XVIII, se supone
que los ciudadanos eligen a sus representantes
por medio del voto, y cada cierto
tiempo estos gobernantes son reemplazados
por otros. La sociedad, entonces,
se gobernaría a partir de la
decisión de las grandes masas
soberanas. Pero a decir verdad los
verdaderos factores de poder jamás,
nunca jamás son elegidos por
la población.
¿No
es que los movimientos económicos
los regula el mercado? Si es así,
¿quién y cómo
decide los flujos de oferta y demanda,
los porcentajes de desocupación
que hay, la acumulación de
riqueza y la multiplicación
de la pobreza? Si es el mercado ¿qué
decidimos con la rutina electoral
de cada cierto tiempo? ¿Quién
ha salido de la pobreza asistiendo
puntual a los comicios? ¿Quién
decide las políticas de las
grandes corporaciones mundiales que
fijan la marcha económica de
la población planetaria? ¿Alguien
votó por ello? ¿Quién
decidió, a través de
qué proceso de elección
popular se estableció que todos
tenemos que consumir Coca-Cola? ¿Hubo
algún plebiscito, referéndum
o proceso eleccionario para decidir
las políticas comunicacionales
de los grandes monopolios de la información,
aquellos que moldean nuestro punto
de vista día a día,
minuto a minuto, los que nos imponen
lo que se debe pensar y lo que no?
¿Quién eligió
al G-7 como órgano rector de
la marcha del mundo? ¿Se consultó
a la población planetaria para
formar un infame Consejo de Seguridad
en el seno de la Organización
de Naciones Unidas con derecho a veto
formado sólo por cinco Estados?
¿Por medio de qué elecciones
populares se deciden las guerras?
¿Hubo alguna consulta democrática
para decidir la catástrofe
medioambiental que produjo la voracidad
del gran capital? ¿Algún
ciudadano del mundo votó para
terminar con los bosques, con la capa
de ozono, para secar fuentes de agua
dulce? ¿Quién eligió,
y por medio de qué mecanismo,
lo que tenemos que consumir para divertirnos?
-léase: películas de
Hollywood-. ¿Hay elecciones
democráticas para elegir al
Papa? (y justamente el Vaticano vivió
llenándose la boca con la palabra
democracia en su prédica anticomunista
de décadas pasadas). ¿Quién
decide quien puede tener armas nucleares
y quien no: la gente con su voto?
¿Cómo participa la población
planetaria en las decisiones del Fondo
Monetario Internacional o del Banco
Mundial, decisiones que afectan a
todos? (al nacer, cada habitante del
Tercer Mundo ya está debiendo
20.000 dólares a los grandes
bancos del Norte, ni bien sale del
vientre materno), ¿alguno de
nosotros votó alguna vez por
ello? ¿Alguien fuera de Europa
votó a favor que los europeos
de tres siglos atrás conquistaran
el planeta en nombre del progreso?
Y hoy, cuando millones y millones
de desesperados de fuera de Europa
-o de Estados Unidos, el nuevo gran
imperio- intentan llegar a esas tierras
de ensueño para escapar de
sus infiernos de pobreza y violencia,
¿quién decide que los
"ciudadanos de segunda"
no son gratos en el mundo desarrollado?
Los "ciudadanos de segunda"
seguro que no, y son la mayoría.
¿Las mujeres fueron consultadas
para establecer una cultura que las
minimiza al lado de los varones? ¿Quién
y cómo lo decidió? Las
mujeres seguro que no. Y todos los
llamados "grupos vulnerables"
(minorías étnicas, discapacitados,
homosexuales, seropositivos, niñez
en riesgo, discriminados por el motivo
que sea) ¿qué participación
real tienen en el ejercicio del poder?
¿Algún negro eligió
democráticamente ser pobre?
¿Alguna mujer decidió
ser condenada a trabajar más
que un varón y a ganar menos?
¿A quién representan
los representantes del pueblo en las
democracias formales? ¿Por
medio de qué voto mil millones
de personas eligieron no tener acceso
al agua potable? ¿Quién
decidió qué países
componen el llamado Eje del Mal? ¿Y
quién decidió que son
"malvados"? ¿Quién
y por medio de qué consulta
popular decidió que, terminada
la Segunda Guerra Mundial, los jerarcas
nazis eran criminales de guerra, pero
no así quienes dejaron caer
dos bombas atómicas sobre población
civil en Japón? ¿Qué
democracia hubo en esa elección?
El actual país de Panamá,
que hasta fines del siglo XIX era
una región de Colombia, pasó
a ser país "independiente"
en una decisión tomada en un
cuarto de hotel por varios políticos
profesionales, representantes de los
grandes intereses del imperialismo
estadounidense que necesitaban ese
punto geoestratégico; ¿se
puede decir que eso fue una elección
democrática? Según la
Iglesia Católica las mujeres
no pueden tener relaciones sexuales
prematrimoniales ni abortar; ¿se
les preguntó a las mujeres
alguna vez en un plebiscito a ver
qué opinan ellas? Los políticos
profesionales de las democracias parlamentarias,
¿representan a los pobres,
a los excluidos, a las mujeres hechas
a un lado, a los indigentes, a los
que piden aumento de sueldo, a los
desesperados de toda laya que pueblan
la Tierra? ¿Por qué
hay tan pocas mujeres, o indígenas,
e negros en los cargos electivos de
cualquier país? En la coyuntura
actual, un negro como Secretario General
de las Naciones Unidas ¿realmente
representa los intereses de las poblaciones
negras?.
Las
decisiones que marcan el destino del
mundo -la economía, la guerra,
los modelos culturales- jamás
se toman democráticamente.
Luego de decididas por unos pocos
-y la citada observación de
Valéry es más que oportuna-
se busca "evitar que la gente
tome parte en los asuntos que le conciernen"
pero haciendo creer que participa,
que decide. Qué hipocresía,
¿verdad? En buena medida, hasta
ahora eso es la política. Tal
como dice Borges en el epígrafe:
al menos hasta ahora, tal como la
conocemos, "la democracia es
una ficción estadística",
un engaño bien montado por
el que se hace creer que todos deciden.
Pero hay otras opciones.
La
idea respecto a que "la masa
es estúpida y no piensa"
es, como mínimo, muy sencilla.
Sin dudas, tal como se ha venido dando
la organización de todas las
sociedades de clases, la minoría
en el poder supo manipular a las grandes
masas. Pero eso no significa que la
gente sea intrínsecamente tonta;
y menos aún que merezca ser
tratada como tonta. No hay ninguna
duda -la historia y la experiencia
lo enseñan- que la psicología
de las masas presenta características
peculiares que no pueden entenderse
desde el punto de vista de lo individual.
Puestos en masas, transformados en
hombre-masa, todos desaparecemos como
sujeto para constituirnos en un colectivo
y seguir la corriente; y es cierto
que, en tanto colectivo, en tanto
grupo indiferenciado, no hay razonamiento
crítico. Pero esto no invalida
la posibilidad de reflexión,
y mucho menos, no autoriza a la manipulación
de la masa. ¿En nombre de qué,
con qué derecho una elite puede
manipular a una gran mayoría?
¿Podríamos ser tan superficiales
de decir que "a la gente le gusta
eso"? Más que superficial,
eso escamotea la verdad -por no decir
que es despreciable en términos
éticos-.
Como
formulación de ciencia social
es restringido: la gente podrá
ser tonta (ahí está
Homer Simpson como su ícono),
pero hay límites a la tontera.
Si fuéramos tan tontos y prefiriésemos
"naturalmente" nuestra condición
de esclavos, seguiríamos bajo
el látigo del amo esclavista.
¡Pero hay Espartacos! Por todos
lados en la historia han surgido Espartacos,
y siguen surgiendo. Y cada vez más
las poblaciones (esas masas manipulables
a las que se intenta conformar con
el pan y circo -ayer gladiadores,
hoy fútbol y telenovelas-),
cada vez más van abriendo los
ojos, despertando, exigiendo derechos,
dando saltos hacia delante, aunque
también sigan consumiendo los
que se les ordena y pensando lo que
CNN informa. Cada vez más la
historia nos muestra poblaciones que
se rebelan (aunque se haya dicho que
"la historia terminó").
No como intelectuales iluminados (¡felizmente
quizá!), pero sí como
masa que se mueve con su lógica
particular, la población del
mundo sigue su lucha buscando mayor
justicia, a su modo y con su tiempo,
pero continúa, aunque al mismo
tiempo también vea telenovelas
y se apasione con un equipo de fútbol.
La
democracia formal, la democracia representativa
de los parlamentos modernos con su
división de tres poderes, es
claro que no es el gobierno del pueblo.
Ello, pero ni remotamente. En realidad,
todos saben que más allá
de la declamación formal, no
es ése ni siquiera un tímido
intento de poder de todos, de poder
popular. Puesto que si la "chusma"
se pone demasiado brava, ahí
están los órganos de
represión siempre listos (policía,
ejército); se cae de maduro
que la actual democracia representativa
es gobierno del pueblo… mientras
nadie se lo tome en serio.
Pero
ya es hora de tomárnoslo en
serio.
Los
primeros intentos de socialismo dieron
algunos pasos interesantes. Aunque
quizá hoy esas experiencias
sean irrepetibles en términos
literales, sirve conocerlos para no
repetir errores. Cuando un grupo,
una vanguardia (el partido, el comité
central, el estamento dirigente, etc.)
o un líder carismático
se pusieron al frente del proceso
revolucionario reemplazando al poder
popular, se esfumó la revolución.
Si alguna enseñanza podemos
sacar de las experiencias habidas
en el siglo XX es que sin la participación
real y genuina de los pueblos en el
ejercicio del poder -"real y
genuina", insistamos-, eso no
terminó de mejorar sustancialmente
las condiciones, aunque se hayan dado
grandes pasos en el ámbito
de las igualdades económicas.
La
democracia formal es vacía,
no es democracia. Es el gobierno de
los grandes grupos económicos
secundados por los políticos
de profesión y por todo el
andamiaje cultural y militar que permite
seguir con la misma estructura, dándose
el lujo incluso de jugar a la participación
de la gente en las decisiones. Pero
la gente nunca decide, jamás.
La gente es consumidora (hay que atenderla
bien para que siga comprando), o electorado
(hay que atenderlo bien para que me
sigan votando). O televidente, y ya
sabemos lo que ello implica: ¿decide
algún usuario de los medios
masivos de comunicación, más
allá de ridículos programas
"participativos" (¡los
reality shows!), decide algo de lo
que consume? Y si ese ciudadano consumidor
que vota cada tantos años protesta
demasiado… es subversivo; entonces
ahí están los aparatos
de control. Pero jamás participa
en las decisiones básicas de
su vida, jamás, aunque viva
en democracias formales donde nunca
hay golpes de Estado.
Podría
decirse -con ingenuidad o con malicia-
que en algunos lugares del planeta
esas democracias representativas dan
resultado, pues ahí nadie pasa
hambre y tiene cuotas más o
menos altas de beneficios. Pero para
mantener esas "democracias occidentales",
el 80 % de la población mundial
pasa grandes sufrimientos. O democracia
para todos, o si no hay algo que no
funciona. No puede haber democracia
sólo para un 20 %; eso no es
poder para todos, en absoluto.
Ante
este estado de cosas, entonces, en
necesario construir algo nuevo, algo
que permita realmente el poder de
la gente, de toda la gente que puebla
el globo, que nos ponga en un pie
de igualdad a la totalidad de la población
planetaria, y que permita que todos
y todas, en equidad de condiciones,
decidamos sobre nuestras vidas. Y
decidamos no por el puro capricho
de hacernos escuchar; decidamos porque
en ello va la más elemental
dignidad como especie. ¿Podemos
seguir admitiendo que un pequeño
puñado de banqueros e industriales
decida la vida de más de seis
mil millones de seres humanos? ¿Acaso
benefician a todos esas decisiones?
Es más que obvio que no. Sólo
permitiendo que todos por igual participemos
en el proyecto real de la sociedad
que queremos y que nos conviene, podrá
haber justicia. Y podrá sobrevivir
el género humano, si no nos
destruye antes la degradación
ambiental o la guerra termonuclear
total (que nadie eligió con
su voto).
Y
a eso lo podemos llamar, para diferenciarla
de la democracia representativa (vacía
e hipócrita), democracia participativa.
¿Pero
qué es eso? Podríamos
decir que, en este momento, una idea,
un experimento. Es permitir que el
pueblo, ya no con su voto cada cierto
período de tiempo sino con
la participación efectiva en
las decisiones político-sociales
de su vida cotidiana (asambleas de
base, grupos de discusión,
cabildos abiertos, etc., etc.) se
autodirija. Es, tal como pedía
una consigna del mayo francés
de 1968, permitir e impulsar "la
imaginación al poder".
En
la Revolución Bolivariana que
está teniendo lugar en Venezuela
la democracia participativa pretende
ser el núcleo vivo de lo que
se ha dado en llamar "socialismo
del siglo XXI". ¿Un nuevo
socialismo basado no tanto en la "dictadura
del proletariado" -la dictadura
del partido si se prefiere- sino en
la real y efectiva participación
popular, en el poder desde abajo,
no de los "representantes"
sino de los eternamente "representados"
pero siempre olvidados? Quizá.
Todavía el experimento está
en fase de prueba. Pero vale la pena
apostar por su consolidación.
La
democracia representativa ya mostró
sus límites (que, por cierto,
son muy estrechos); es hora de ensayar
esta nueva democracia participativa,
quizá único camino para
encontrar las soluciones de una afligida
humanidad que no encuentra salidas
con los chalecos de fuerza del parlamentarismo
occidental.
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